divendres, 9 de novembre del 2012

Ella


Ella [1] (Nocturno)

La vi una vez, celeste, silenciosa.
   La vi, y no la vi. La mar bordaba
   hilos de luna, y ella los cortaba.
   Un paso, y otro, en la cadencia undosa,
y yo soñaba pálpitos de rosa,
   temores la tarde, y la miraba.
   La flor del azabache susurraba
   misterios grises en su frente airosa.
Y la miraba, hoguera siempreviva,
    en los espejos de los astrolabios
    que dibujaban astros y querellas.
Mientras, batía en mí su letra esquiva,
    y el signo de la duda entre sus labios
    quemaba la verdad de las estrellas.


[1] En la obra de Rubén Darío, el pronombre “Ella” en mayúsculas se refiere siempre a la muerte, entendida como el misterio puro, aunque terrorífico. 

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